El “rally” mas intenso del mundo

16.000km, 3 desiertos y 7 franjas horarias.

Desde que lo conocí me enamoré ciegamente de él. Es conocido como uno de los desafíos mas intensos y espectaculares del mundo. Una aventura que tengo pendiente desde hace unos años, un sueño que espero poder cumplir más pronto que tarde.

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En esta aventura el objetivo es muy claro. Conseguir un coche, convencer a varios amigos para formar un equipo y llegar a Ulán Bator (capital de Mongolia). Puedes salir de las ciudades del oeste de Europa como Londres, Barcelona o Milán. Por dónde y como lo hagas ya es cosa tuya.

El coche no debe superar los 1.200cc de cilindrada ya que después del viaje, los coches se suelen vender y el dinero obtenido se dona. Si bien es cierto que dada la creciente participación en el rally, desde hace poco tiempo, el gobierno mongol ha empezado a regular la cesión y venta de estos vehículos. En su primer año de edición, fueron 6 los equipos que se lanzaron a la aventura de los que únicamente 4 consiguieron finalizarlo. Años después la cifra de participantes se ha multiplicado teniendo que limitar a 200 los coches que participan anualmente. En cuanto a la vuelta, lo más común es que los participantes vuelvan a Moscú usando el transiberiano desde donde se conectan con el resto de ciudades europeas.

A la organización le gusta que los equipos se integren en el espíritu del viaje, la colaboración y el sentido del humor, por eso aconsejan customizar tu coche para darle un toque personal.

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Durante el recorrido, si tienes suerte y lo completas conducirás más de 16.000 km. llenos de emociones, aventuras e imprevistos. Se recorren mas de 16 países, 3 desiertos y pasa por 7 franjas horarias diferentes.

En cuanto a la duración, los equipos suelen tardar algo mas de un mes en completar el viaje. Hay unas fechas establecidas por la organización para la salida, la llegada y puntos de control intermedios pero cada equipo puede flexibilizar el tiempo como desee. El Mongol Rally esta pensado para ser una aventura para los participantes y no una carrera.

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Por si esto fuera poco, además de ser una de las experiencias mas intentas que puedas vivir, el “Mongol-Rally” tiene carácter caritativo. En el momento de la inscripción se pagan unas tasas de las que la mitad, (500 libras) se dona a su obra benéfica “Cool Earth”. Lo que suelen hacer los equipos para conseguir el dinero, es buscar patrocinadores que económicamente apoyen el proyecto a cambio de publicitar sus marcas.

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Hasta aquí la teoría, ahora intentemos acercarnos a la práctica. Para ello, contamos con la experiencia de dos jóvenes arquitectos españoles que vivieron de primera mano este desafío. Ellos son el navarro Koldo Urrutia y Alejandro Ruiz de La Rioja, ambos de 26 años.

La primera pregunta es siempre obligada:

¿Por qué el Mongol-Rally? ¿Qué representa para vosotros?

Koldo: Creo que el Mongol Rally representa el placer de ser viajero, y no turista. Disfrutar no sólo los sitios que visitas, sino también del hecho de viajar en sí.

Alejandro: Cuando decidimos embarcarnos en el Mongol Rally, no solo suponía una gran aventura solidaria, era mucho más que eso, un viaje que suponía un reto mental de superación constante debido a la dureza de algunos momentos. El Mongol Rally era además una “carrera” que unía el carácter solidario y aventurero con la que nos sentimos identificados.

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¿Cuándo paso de ser una idea/intención a una realidad?

K: Todo empezó un año antes de comenzar el viaje. Ambos nos habíamos apuntado para el casting de “El conquistador del fin del mundo”, programa de ETB, con la ilusión de ir a la Patagonia y vivir la aventura. Sin embargo, un par de semanas antes de la prueba valoramos la posibilidad de hacer el Mongol Rally. Nos metimos en la web, Alejandro contactó con un amigo que lo había hecho anteriormente y nos fuimos enganchando a la idea. Mientras nos convencíamos a nosotros mismos, logramos “engañar” a un par de amigos más para que formaran parte del equipo y nos acompañaran hasta Estambul. Finalmente, 11 meses antes del Rally firmamos la inscripción y ya no había marcha atrás ¡Que hubiera sido de estos dos pelaos en la Patagonia!

A: Realmente fue todo muy rápido. Son el tipo de cosas que hablas una noche y se suele quedar en papel mojado, pero esta vez no fue así. Tras contarles la historia de como unos amigos de Logroño lo habían hecho el año anterior, no dudaron en animarse a hacerlo y a “tirar del carro” para conseguir todas los requisitos necesarios para hacerlo.

¿Es difícil preparar todo para cumplir los requisitos de la inscripción?

K: No es demasiado difícil prepararse para la inscripción, lo difícil es preparar el viaje y sobretodo los visados.

A: ​La verdad que era un poco complicado. Su organización es un poco pobre, con lo que tienes que ocuparte más por ti mismo de solucionar todos los asuntos, desde el pago de la inscripción hasta la donación a la ONG. Es más un propósito personal el cumplir todos los requerimientos que una obligación por parte de la organización.

¿Que equipaje o que cosas nos llevamos a un viaje como este?

K: Todo lo necesario para llevar a cabo las reparaciones que sepas hacer tú mismo (¡al menos lo necesario para cambiar una rueda!). Mucha comida enlatada! (uno de los patrocinadores era una conservera, así que unas 20 latas de pimientos del piquillo y otras tantas de espárragos de navarra). Un taco de preguntas de trivial, para animar el viaje. Y clave: ¡un diccionario de ruso!! (para la frontera georgiana ya aprendimos algunas frases básicas que nos fueron muy útiles allí). Por último una guitarra que apenas llegamos a tocar, y que no ocupaba precisamente poco para un coche tan pequeño.

A: La eterna duda… CUANTO MENOS, MEJOR​ …. o ese es mi punto de vista. El dicho de “Dios proveerá” viene que ni pintado para estas ocasiones. Como es lógico, tienes que llevar un poco de todo, pero no hay CASI NADA imprescindible. Lo más importante es tener todos los papeles en regla para no tener problemas en las audanas y llevar el material imprescindible para arreglar un coche: BRIDAS Y CINTA AMERICAN (eso es lo que usan los mecánicos de la fórmula 1) En cuanto a ropa y material personal… lo mínimo. Sí, si os embarcais en esta aventura vais a oler un poco mal durante unos días, no vais a ser unos “dandies” del desierto, pero creemos que eso es lo menos importante. Venimos a disfrutar de la aventura, y cuando tienes que elegir en cuestión de espacio, te das cuenta que valoras más una guitarra que una muda limpia.

¿En qué vehículo ibais? ¿Tuvisteis que adaptarlo o hacerle alguna modificación especial?

K: Suzuki Baleno 1.3. Le hicimos una puesta a punto en general. En concreto le instalamos a)una baca para llevar las tiendas de campaña, sacos y material de cocina y acampada; b) un tubo de plástico que iba desde el motor hasta el techo del coche para poder atravesar los ríos en la estepa de Mongolia (el motor necesita aire en todo momento, por lo que es necesario cuando el nivel del agua supera la altura del capó). Para ello tuvimos que agujerear la chapa del capó, lo que le daba un aire peculiar al bólido.

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¿Conseguisteis apoyo o patrocinio de alguna marca o institución?

K: Sí, fue difícil y nos movimos bastante para ello. Entonces la crisis pegaba fuerte, así que hubo que hacer un esfuerzo extra. El ayuntamiento de Logroño (patrocinio capital cultura), Cachet (equipamiento) , Pirineos Exdim (conservas), Desguaces La Cabaña (soporte mecánico), Adaico (baca) y diferentes donaciones personales (donaciones directas, venta de camisetas, calendarios) (CREO QUE NO OLVIDO NINGUNA)

¿Qué os dijeron vuestras familias cuando se enteraron de que os ibais a Mongolia en coche?

K: Que estaba como una cabra, que a donde iba y “pa qué”! Todos respetaron mucho mi idea de ir a la aventura, nadie me intentó hacer cambiar de idea. Fue más el shock del principio, pero luego todos me apoyaron mucho para hacerlo posible.

A: Bueno, lo veían con un poco de escepticismo… A pesar de avisárselo con 9 meses de antelación, no se percataron de que me iba hasta la semana anterior. Sus frases eran: “ánimo hijo!!”​ hasta que se dieron cuenta de que teníamos todo preparado y pasaron a ser…”qué vas a hacer tu por ahí!!” “a ver si os secuestran!!”

¿Qué ha sido lo mejor de vuestra experiencia? ¿y lo más duro?

K: Compartirla con buenos amigos, eso seguro. Me llevo un gran recuerdo de esta experiencia y de Álex, Asier y Gonzalo. Y lo más duro, el momento en el que supimos que no cumpliríamos nuestro objetivo. También es dura la conducción. Son muchas horas al volante y todo lleva su riesgo. De hecho nos llegó la noticia durante el Rally que un coche participante tuvo un accidente en Bagdad y fallecieron los dos ocupantes.

A: Lo peor, las fronteras, sin duda. Llevar un coche que llama TANTO la atención es un reclamo perfecto para policías corruptos y para gente que quiere entretenerse un rato…
Lo mejor…. todo lo demás!! La experiencia fue única.

Es necesario tener unos conocimientos mínimos de mecánica para lo que pueda pasar ¿los teníais?

K: No especialmente, aunque todo ayuda, eso está claro! Nosotros sabíamos cambiar una rueda y poco más (quizá Álex supiera un poco más que yo…). Nos llevamos un anclaje para remolcar un coche a otro. Era nuestra estrategia en caso de avería, agarrarnos al primero que pasara por allí! Jeje

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¿Pasasteis miedo en algún momento del viaje?

K: A mí me entró bastante miedo al estudiar la ruta a lo largo del Cáucaso. Fue en Estambul y coincidía con el momento que Gonzalo y Asier nos dejaban. No eran muy agradables las historias que llegaban a nuestros oídos de Georgia, Osetia y Chechenia, y planeábamos como atravesar estos territorios lo más rápido posible! También tuvimos algún momento tenso por las noches, puesto que solíamos acampar al aire libre. En Montenegro en concreto tuvimos un incidente con un vecino que salió en plena noche a ver quién había acampado a unos cuantos metros de su casa y, al no entender nuestra lengua ni contestar a nuestras preguntas en la distancia y la oscuridad, estuvo a punto de llevarse un sartenazo. Afortunadamente quedó en un susto, como muchos otros.

A: El miedo es muy relativo… pero digamos que no. La gente fue muy agradable todo el camino. Más aún cuando te alejabas de los países más occidentales, que son donde más pegas te pueden poner.

¿Cómo era vuestro día a día durante esta aventura?

K: Dependía de si era día de descanso o de trayecto. Solíamos parar a visitar algunas ciudades de camino, como Budapest (gracias a unos acogedores amigos) o Estambul. En un día normal de trayecto, solíamos levantar el campamento hacia las 7 de la mañana y avanzábamos lo más posible durante la mañana y parte de la tarde. Pero todo dependía de donde estuviéramos, porque cada día lo planeábamos de forma distinta. A veces parábamos una tarde entera (Barcelona, Brno, Belgrado, Dubrovnik…) , o un par de días (Praga, Budapest, Estambul, Split, Venecia…)

¿Cómo es la gente que participa? ¿llegas a conocerles?

K: Conocimos a gente en Barcelona y en general era gente muy echada para delante. Con ganas de aventura y ansias de empezar el camino. Muy majetes en general, de hecho intercambiamos el móvil con varios participantes e intercambiamos mensajes a lo largo del camino. A los participantes internacionales los conocimos en Praga, donde la organización monta una fiesta en un castillo para todos los participantes. Disfrutamos muchísimo allí, y también pudimos conocer a algunos ingleses e italianos que venían de Londres y Roma respectivamente. Creo que no hubo nadie que no tuviera una buena resaca al día siguiente… Pero a partir de ahí cada uno hace su propia aventura, y en muy contadas ocasiones te cruzas con otros participantes en la carretera, donde no puede faltar un cordial toque de claxon. Otros te enseñan el culo por la ventanilla jeje.

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¿Qué opinión tenéis de la organización y hasta donde llega con coberturas?

K: Las coberturas, en cuanto a asistencia de viaje, yo diría que son muy limitadas. Por otro lado, creo que ahí está la gracias del asunto! Si quieres una marcha turística con la grúa detrás disponible en todo momento, este no es tu sitio J Respecto a los eventos dirigidos por la organización (Recepción, salida, fiestas, etc.) diría que están muy bien organizados, se ve que es gente joven y con ganas de hacer algo diferente! De hecho este año han enviado una oferta para los que ya hemos hecho el Mongol Rally para trabajar durante el mes de Agosto en Mongolia, organizando la llegada de los participantes de este año. Creo que el staff entiende lo que implica esta aventura.

A: Es mejor pensar que vas solo. La organización es más un pensamiento que una realidad. Con lo cual, CERO COBERTURA.

Tengo entendido que no pudisteis completar el recorrido, ¿Qué pasó?

K: No pudimos atravesar la frontera entre Georgia y Rusia. Dos años antes de nuestra aventura, Rusia invadió Tiblisi y reclamó algunos territorios de Georgia. Desde el conflicto armado, la frontera había permanecido cerrada al tránsito. Oficialmente, la frontera se había reabierto meses antes a nuestra llegada y por ello trazamos aquella ruta. Sin embargo, los oficiales de la frontera de Vladikavkaz-Lars solo permitían el tráfico de mercancías, por lo que nos vimos atrapados entre aquellas montañas de más de 5000m de altura.
Estuvimos dos días buscando rutas alternativas. La primera opción fue preguntar por el resto de fronteras entre Rusia y Georgia, las cuales, además de estar también cerradas parecían ser bastante más peligrosas (según palabras de un amable georgiano “pium-pium” con un dedo al alto, simulando el sonido de los disparos entre distintos bandos). La otra opción consistía en pedir un visado de Azerbaiyán y coger un ferry desde Bakú a Kazajistán a través del mar Caspio, y de ahí proseguir nuestro viaje (esta opción la desechamos tras leer en algunos foros como llevar a cabo esta posibilidad. La alta corrupción y nuestra necesidad de un visado ponía todo muy cuesta arriba, más aún sabiendo que en Tiblisi no había embajada española). Por último, lo quisimos intentar por barco a través del mar Negro, pasando de Georgía a Rusia. Fuimos a los puertos de Poti y Batumi, al Oeste de Georgia para intentarlo, pero no había ferrys esos días. Decididos a un último intento, volvimos sobre nuestros pasos, nos re adentramos en Turquía para coger un ferry desde Trabzon hasta Sochi (Rusia). Allí nos dijeron que, con un sello de estancia en Georgia en nuestros pasaportes, era altamente probable que las autoridades rusas nos denegaran la entrada al país y nos devolvieran en el siguiente ferry que volviera a Turquía. Y completar el Mongol Rally sin pasar por Rusia tiene pinta de ser difícil!

Así que con toda nuestra pena, trazamos un camino de vuelta a casa. Al final íbamos a completar un número parecido de km que yendo hasta Mongolia, pero en un recorrido de ida y vuelta. Aprovechamos para hacer una ruta completamente distinta a la de venida y ver el mayor número de sitios posibles. Y finalmente llegamos a Andorra, donde la novia de Álex nos esperaba con mucho amor, una buena cama y una taza de café Nespresso Viennois que jamás olvidaré.

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¿Tenéis pensado volver a intentarlo?

K: Creo que a los dos nos quedó la espina clavada de no haberlo terminado. No entra en mis planes todavía, pero sería precioso el volver a intentarlo una vez más. ¡Ojalá!

A: Quizás otra aventura, pero no creo que la misma.

¿Recomendaríais esta experiencia?

K: Sí, absolutamente. A todo aquel que le guste la aventura le animo a que lo intente, de verdad! Es un reto enorme y, desde luego, un recuerdo imborrable!

A: Por supuesto. Fue un viaje inolvidable para todos, y creo que lo recordaremos toda nuestra vida con mucho cariño.